martes, 24 de febrero de 2015

La presión y la vela

Hay un experimento casero clásico que consiste en poner una vela en un plato con un poco de agua y taparla con un vaso. La vela va consumiendo oxígeno hasta que se apaga, y el agua entra en el vaso, dado que allí ha disminuido mucho la presión. Sale siempre, sale muy bien y es muy agradecido... lo que no está tan claro es lo que realmente ocurre, y cual es la razón de esa variación de presión. Hace unos días publicaba sobre eso Javier Fernández Panadero en Naukas (ver) dejando claro que la explicación "clásica" no es la buena. A ver si podemos aclarar esto un poco más.

(Esta entrada se publica también hoy en Naukas.com)

Hay tres fenómenos que ocurren en el interior del vaso mientras arde la vela: (1) cambio de la composición química de los gases, (2) cambios de temperatura y (3) condensación de vapor de agua al apagarse la vela.
En la reacción, la parafina de la vela se combina con oxígeno para dar lugar a dióxido de carbono y agua (y alguna otra cosa como carbón elemental o "carbonilla" que podemos olvidar. Para que la reacción quede ajustada, la parafina ha de aportar carbón e hidrógeno en la misma proporción que el metano (ver figura). La explicación clásica se fija en el lado izquierdo de esta reacción para decir que el oxígeno va desapareciendo a medida que se produce la reacción, hasta que se agota y solo queda nitrógeno (4/5 de la cantidad original, por la composición del aire). Por tanto el agua sube para rellenar ese hueco, de 1/5 del volumen original. Es obvio que esta explicación no tiene en cuenta que por cada molécula de O2 desaparecida aparecen una y media más de gases (una de H2O y media de CO2). Visto así, más que disminuir la presión debería aumentar. Más importante para lo que veremos a continuación es que debería hacerlo de forma continua, al ritmo al que se produce la reacción.

La explicación basada en el segundo fenómeno no tiene en cuenta variaciones en la composición del gas, y se centra en los cambios de temperatura. Así, cuando la vela está encendida va aportando calor al interior del vaso, lo que hace que el gas se dilate y vaya saliendo el exceso (ver la figura de la izquierda). Cuando se apaga la vela y deja de aportar calor, el gas se contrae, y es esa contracción la que genera una disminución de presión que hace subir al agua. Si esta explicación es la correcta, mientras la vela está encendida ha de aumentar la presión de forma continua, y al apagarse disminuir al ritmo del enfriamiento. Como veremos, no es eso lo que ocurre.

Con el fin de dilucidar estas cuestiones se pueden hacer cálculos de estos dos fenómenos, suponiendo gases ideales y simplificaciones parecidas, y lo que parece es que con la vela encendida ha de aumentar bastante la presión, tanto por un efecto como por otro. Y para calibrar cuento es "bastante" hacen falta más datos. Lo que me resultó más fácil de forma doméstica, fue construir un manómetro, un medidor de presión de columna de agua conectado a un recipiente hermético (un bote de vidrio de conserva) en el que poner la vela a arder. El resultado está en el siguiente vídeo:

Primero se comprueba que el sistema funciona, que el bote es estanco, así como las uniones del mecano de tubitos con que se hace el manómetro. Por cierto el líquido de dentro es agua con colorante alimentario amarillo. Como se puede ver en el experimento, la presión no varía apreciablemente durante todo el tiempo que está la vela encendida, y solo en el momento de apagarse hay una disminución muy brusca, que luego revierte pero no del todo, quedando una depresión de un par de centímetros de agua en el interior del recipiente.

Para entender lo que realmente pasa hemos de recordar las dos moléculas de agua que aparecen como producto de la reacción. Ese agua aparece en forma gaseosa, como producto de la reacción que ocurre a temperaturas de cientos de grados. Pero en cuanto se aleja de la llama la temperatura es más baja y puede condensarse. ¿Lo hace? Seguro, esa condensación ha de ir ocurriendo mientras la llama está encendida a un ritmo (aproximado) como para compensar los incrementos que esperaríamos por los otros dos fenómenos (el aumento de moles y de temperatura), dado que no se observa. Por otro lado, al cesar el suministro de vapor de agua y de calor con la extinción de la llama, esa condensación crece bruscamente, causando una enorme disminución de presión (y una capa de gotitas de agua en la pared del vidrio). Supongo que una parte de esas gotitas vuelven a evaporarse para recuperar el equilibrio, que se produce a ese par de centímetros de agua que vemos al final.

A falta de más medidas (temperaturas y composiciones de gases en el interior), cálculos o simulaciones, esa es mi mejor explicación.

viernes, 20 de febrero de 2015

La sutileza de la reivindicación

Estos días se ha movido por las redes sociales esta camiseta (yo la vi aquí). "Olvida las princesas, quiero sier científica". Parece un interesante eslógan, una muestra de afirmación personal que se escapa de un estereotipo supuestamente fijo, el de tener que aspirar a ser una princesa, para elegir un destino mucho menos evidente pero apasionante.

Sin embargo esconde otra lectura menos positiva: para ser científica te tienes que olvidar de ser princesa, como si fueran términos antagónicos. ¿Lo son? No deberían, pero vamos de un estereotipo a otro: el de los científicos (y científicas, claro) despreocupados por su aspecto, dealiñados, alejados del mundo real y de sus emociones y confinados en la intelectualidad de su campo de estudio. Un estereotipo en el que no caben detalles principescos.

Huyendo de este segundo estereotipo la UE lanzó un vídeo de científicas supermonas con tacones y generó tanta polémica que lo retiraron al poco tiempo (ver por ejemplo 1, 2, 3). Probablemente en este caso se exageraba el estereotipo de belleza femenina estándar. El eslogan "science is a girl thing" parece indicar que solo hay una forma de ser "girl", y una forma muy estereotipada.

Parece que intentar salir de un estereotipo te aboca a otro. Tanto que resulta muy difícil avanzar. Ser mujer y tener una actividad profesional (como científica) es una pesadez, por que estás obligada a posicionarte (no olvidemos que el intento de evitar el posicionamiento es un posicionamiento en sí mismo, igual que los "apolíticos" son de derechas). Y ese posicionamiento siempre deja a alguien descontento, por demasiado tibio en el feminismo, por demasiado feminazzi, por demasiado princesa, por demasiado...Cómo si no hubiera ya bastantes dificultades en cuestiones más evidentes como la conciliación con la maternidad.

Y menos mal que la camiseta es rosa (color del primer estereotipo) y dice "forget" y no alguna otra palabra más dura para el rechazo del mismo (que hay una a huevo que también empieza por f). No encuentro una conclusión para cerrar este texto... Quizá la única es intentar ser más empático y menos reactivo con todo tipo de manifestaciones sobre la lucha de cada persona con los estereotipos que le oprimen.

(Reflexión sugerida por una conversación en tuiter con @silviaacolado , y múltiples con @feminoacid)

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿El mayor avance de la ciencia moderna?


Por segundo año Naukas plantea una pregunta a la que cada colaborador da su respuesta. Esta es mi respuesta.

    ¿Qué avance o descubrimiento de la ciencia moderna ha hecho progresar más a la Humanidad?

Entendemos como ciencia moderna desde Copérnico hasta nuestros días.



  Quizá puede parecer un poco tramposo por autorreferernte, pero yo voto por la ciencia moderna en sí misma, vale decir el método científico. Se podría criticar que no es un avance de la ciencia sino de la filosofía, pero creo que la filosofía ha ido detrás de la actividad científica intentando formalizar su descripción y que la responsabilidad del avance en la forma de enfrentarse al conocimiento realmente es de los científicos, de la ciencia pues.

El horizonte temporal de este avance también podría ser un problema. En algunas disciplinas, como la astronomía (el movimiento planetario concretamente), la confrontación de los modelos con los datos empíricos es muy anterior a Copérnico. Mientras en otras hay que poner la coletilla “basada en la evidencia” para diferenciar una parte que incorpora el método científico de otra que aún no lo hace. Las hay incluso por estrenarse en este proceso más allá de incorporar la palabra “ciencia” al nombre oficial de su estudio universitario. Pero también otros avances más evidentes se han incorporado a toda la humanidad a lo largo de un proceso más o menos largo, así que este problema tampoco invalida la elección.

Por otro lado no hay duda de que el método científico es un avance espectacular. Su adopción por distintas disciplinas, y más aún propiciando las sinergias entre unas y otras, está llevando a la humanidad a niveles de progreso difícilmente imaginables de otro modo. Sin ir más lejos la propia cantidad y calidad de dicha humanidad. El número de personas que habitan el planeta, su esperanza de vida, su calidad de vida no ha parado de crecer desde que se adoptan enfoques científicos en disciplinas como la agricultura o la medicina.

Por último cabe preguntarse si el método científico tiene una entidad definida como para poderse considerar un “avance”, como pide la pregunta. La respuesta es sin duda afirmativa. No se trata de un método en el mismo sentido que hablamos de métodos de resolución de ecuaciones; en este caso no hay un procedimiento algorítmico infalible. Sin embargo si que existen el rigor intelectual, la lógica de la argumentación y la confrontación permanente con datos experimentales; la duda permanente, la transparencia de los datos y la confrontación con los colegas. Del mismo modo que la agricultura son un conjunto de técnicas que han de vérselas con la variabilidad de entornos y climas para dar fruto, el método científico también está compuesto por un conjunto de estrategias que han de adaptarse a la variabilidad de cuestiones abordadas y cuyos frutos, cuando se ha utilizado con habilidad, son extraordinarios. Ese método es mi candidato a mayor avance para el desarrollo de la humanidad.

jueves, 12 de febrero de 2015

A Galileo le hubieran encantado

Parece ser que algunos de los experimentos más famosos de Galileo realmente no los hizo (eso sostiene Federico di Trocchio aquí), fueron más bien experimentos mentales, tenía tan claro como funcionaba la caída libre que imaginó que si no hubiese aire las cosas caerían a la vez. No está claro que con la tecnología de la época pudiese comprobarlo realmente con suficiente precisión. Le hubiera encantado ver este vídeo, seguro:



Aunque la composición de velocidades también está clara, y se puede comprobar de muchas maneras, verla de una forma tan palmaria, sumando cero a partir de dos velocidades opuestas también tiene su gracia:



Ninguno de estos vídeos aporta nada novedoso, pero son formas muy espectaculares de mostrar esos principios tan básicos de la física, tanto que seguro que a Galileo le habrían encantado.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Convivir con la electricidad

Las consecuencias del paso de la corriente eléctrica por el cuerpo humano pueden ser letales, y sin embargo la electricidad es la savia que alimenta nuestro hogar y hace que funcione todo: la iluminación, la lavadora, la televisión, etc. Desde que Tesla, Edison, Westinghouse y compañía comenzaran el despliegue de la electrificación doméstica, nuestras viviendas se han ido haciendo dependientes de ese fluido hasta el punto de soportar con dificultad su ausencia. Hemos de convivir en el mismo hogar las corrientes eléctricas que hacen que funcione todo y las personas que las disfrutamos, pero que podríamos morir si nos atravesasen a nosotros.

Para conseguir esa convivencia pacífica disponemos de  algunos elementos tecnológicos, discretos pero potentes, cuyos principios de funcionamiento merece la pena conocer. La primera idea que surge para proteger un circuito eléctrico, y las personas que pudieran formar parte de él, es la de los “fusibles”. Se trata de unos elementos conductores por los que se hace pasar la corriente del circuito, hecho de un material capaz de fundirse por el calor producido en el caso de que la corriente que lo atraviese fuera excesiva. Estos fusibles estuvieron hechos de una aleación a base de plomo, lo que sirvió para bautizar popularmente cualquier protección eléctrica como “los plomos”. Entre otras desventajas, era necesario reponer físicamente los plomos fundidos por unos nuevos, lo cual es una operación domestica engorrosa y peligrosa. Hace años que se han sustituido por una pareja de interruptores que detectan cuando la corriente que los atraviesa es inadecuada y se abren, pero basta cerrarlos para reponer la corriente corregidos los problemas. Estos interruptores tienen los bonitos nombre de “magnetotérmico” y “diferencial”.



Y continúa la descripción del funcionamiento de ambos dispositivos en la nota que he publicado en el blog de la red Investigación y Ciencia, en Tecnología de Andar por Casa. Me sugirió la idea una entrada en un blog vecino de un exalumno que me citaba en su entrada. La figura es parte de una curiosísima serie que ilustra muy bien formas de electrocución, especialmente por derivas a tierra.

viernes, 30 de enero de 2015

¿4+1 = 3+2? Sobre le duración de los estudios universitarios

Va hoy al Consejo de Ministro la propuesta de liberalizar la duración de los grados, y que el modelo “grado + máster” pueda tener duraciones de 4+1 o bien 3+2 años a elección de la universidad que lo ofrece. Lo único que es lo que dictaba el espacio europeo de enseñanza superior (aka “plan Bolonia”) es que haya dos ciclos diferenciados y que se puedan completar en 5 años. Cuando se implantó no hubo libertad, se fijó el 4+1 contrario a la tradición de las diplomaturas y licenciaturas (3 y 5 respectivamente) que teníamos tan asentada. Bueno, todos menos los ingenieros, que venían de un sistema de peritos y superiores de 4 y 6 respectivamente y que, como quien no quiere la cosa, arrastró a toda la universidad. Y es que los “másteres con atribuciones profesionales” son de 6 años, así que para ser ingeniero como dios manda hacen falta 6 años, lo único que contradice el espíritu del EEES, no acabar en 5.

Toda la discusión sobre este tema se ha desenfocado por una cuestión que, en principio, no tiene nada que ver. Cuando teníamos licenciaturas de 5 años, los 5 estaban igual de subvencionados, mientras que en el cambio a la estructura grado más máster al segundo se le ha duplicado el precio. Esto supone que, ahora, cambiar de 4+1 a 3+2 incremente el coste económico que ha de asumir el estudiante que quiera llegar al final.

Desde la universidad (i.e. rectores, asociaciones de profesores, de estudiantes, etc.) se está criticando un montón la medida. No deja de ser sorprendente que el sector rechace que le den libertad de hacer lo que considere más conveniente. En realidad conociendo el percal no es nada sorprendente. Falta un modelo de servicio público. Ese modelo se espera que se proporcione desde fuera (el gobierno, la comunidad autónoma, o quien sea) y luego las autoridades académicas se ocuparán de proveerlo lo mejor que puedan; pero centrando su esfuerzo más en la gestión interna de repartos de créditos y plazas entre departamentos y grupos de presión que orientado al servicio. Para poder seguir con ese statu quo, cuanto más monopolístico y homogéneo sea el mandato exterior mejor. Por eso lo peor que se puede hacer es dar un mandato flexible: “que cada titulación, en cada universidad se organice como considere”… un sindiós.

Por aquello de concluir, me parece muy mal que el gobierno introduzca variaciones en las normativas universitarias fraccionarias, extemporáneas y sin enmarcar en un plan estratégico definido. Tras el enorme esfuerzo de implantar el modelo de grado y máster, empezando la primera ronda de verificación de la calidad de las titulaciones, no es de recibo afrontar un nuevo cambio de calado. Vamos, que quede claro que me parece muy mal abrir ahora este melón. Pero eso no quita que me parezca que académicamente es mucho más sensato 3+2 que 4+1, y que todo esto evidencia una ranciedad en los modos de gobierno universitarios (que últimamente se da en llamar “gobernanza”) que hay que abordar más pronto que tarde.

martes, 27 de enero de 2015

El colágeno del pene y el sexo que no es porno

La consideración estructural del pene como una pieza de esqueleto, concretamente un esqueleto hidrostático, es fascinante. Resulta además que es relativamente reciente el descubrimiento de la contribución de la microestructura de colágeno que consigue darle funcionalidad a dicho órgano. Todo ello nos lo explica maravillosamente su descubridora, Diane Kelly en el siguiente vídeo (11 min):



Todo lo que tiene que ver con el sexo nos pone nerviosillos, aunque sea en su aproximación más seria; bueno, es que no sabemos cuanto de seria es hasta que nos adentramos. Para completar la anterior lección de anatomía, una serie de datos para dejar claro que lo que se ve en el porno no es sexo real. Están en este divertido vídeo de ingeniosa ilustración alimentaria (2 min):



Estas semanas pasadas ha habido una sincronización bloguera para hablar de temas de reminiscencia sexual, por supuesto desde un punto de vista científico (y no machista). Sea esta entrada un eco  tardío y desubicado de esa convocatoria.

domingo, 25 de enero de 2015

Sobre el micromecenazgo en ciencia

Cada vez está más de moda el micromecenazgo, la posibilidad de apoyar económicamente (con pequeñas cantidades) a diversos proyectos para que salgan adelante. En el caso de proyectos científicos no me parece una buena idea. En otros no tengo una opinión tan claramente formada. Las razones para esta oposición son de tres tipos, como micromecenas, como profesional de la ciencia y como ciudadano.

Como ciudadano, potencial micromecenas, por un lado no tengo una renta disponible para esta actividad, dado que tradicionalmente no existía, e incorporarla a la rutina diaria exige detraerla de otros fines. Por otro lado, más importante, no tengo criterio para elegir. Si me ponen delante un periódico de temas científicos (como Materia, que antes de unirse a El País solicitaba apoyo), una investigación biomédica, una en matemática aplicada y otra en metamateriales ¿cuál debo elegir? Además me tengo que informar de la capacidad de que ese dinero sea bien empleado, es decir de la solvencia del grupo de investigación, de las probabilidades de éxito, etc. También de consideraciones políticas (no solo científicas), ya que podría acabar financiando la curación de la hepatitis y acabar contribuyendo al problema sociopolítico del Sovaldi. Ni tengo dinero ni tiempo para hacerme un máster en todos los temas posibles.

Como científico profesional considero parte de mi deber explicarle al público en general la parte que me toca de en qué se gastan sus impuestos (y de hecho lo hago, en este blog entre otros mucho cauces). Pero una cosa es rendir cuentas a posteriori y otra muy distinta la dedicación a actividades promocionales, sean estas las que sean. La solicitud de fondos públicos (o privados, pero no "micro") requiere un esfuerzo de preparación de un proyecto, pero eso es parte de la propia actividad investigadora, además es un esfuerzo limitado en el tiempo (una vez cada dos o tres años) para la consecución de unos fondos razonables. La competición en el dominio de una agencia de financiación se juega con el currículum y con las líneas estratégicas de desarrollo científico que se haya fijado dicha agencia (estatal, regional o europea). Mientras que en el micromecenazgo se juega con el interés popular de los temas y con la capacidad de hacerlos publicitariamente interesantes. Un vídeo con un niño enfermo de cáncer en el que se reclaman fondos para su curación no juega en la misma división que un estudio sobre matemática aplicada (aunque quizá se acabe utilizando sus resultados en un escáner que servirá también para curar).

Como ciudadano espero del Estado, a través del gobierno que lo gestiona en cada momento, una política científica clara, con visión de estado, con una financiación suficiente y, sobre todo, estable y sostenida en el tiempo. Confío en que se dediquen los profesionales adecuados a definir esa política y a ejecutarla. Claro que esto no es incompatible con el micromecenazgo, pero la extensión de la idea de que con una aportación individual ya se está contribuyendo a resolver el problema me da miedo, por que esa satisfacción inevitablemente relaja la presión sobre los gobernantes. Prefiero ciudadanos comprometidos con la cosa pública que microfinanciadores de proyectos aleatorios.

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La extinta CajaNavarra tuvo durante unos años un programa de distribución de su obra social basado en los votos de los clientes ("tu eliges, tu decides"). Era un proyecto de micrimecenazgo solo que con "pólvora del rey", ya que ese dinero no era tuyo pero si decidías su destino. En ese programa fui mecenas como cliente de la caja y beneficiario como miembro activo de una ONG. En los últimos años no había filtro previo por la calidad de los proyectos y llegó a haber más de 15.000. Obviamente nadie se los leía, y la lucha por el voto del cliente acabó generando mesas petitorias a la salida de los supermercados y otras situaciones a cual más denigrante. Los proyectos eran anuales y no se conocía el grado de financiación obtenido hasta comenzado el ejercicio de gasto. Esto impedía una planificación de largo plazo y una optimización de los fondos conseguidos. No me quiero extender con el ejemplo, pero mi percepción fue de dilapidación de fondos e ilusiones. En nombre de la libertad individual se cayó en la desorganización y la ineficiencia. Pero no puedo evtar recordarlo cada vez que veo una plataforma de micromecenazgo científico

sábado, 17 de enero de 2015

Un ser vivo en el tiempo

Nuestras actividades del día a día, como seres vivos que somos, nos entretienen y nos ocupan el tiempo. El tiempo que nos es dado, que sabemos que es una pequeña fracción de un tiempo mucho más largo, que disfrutaron nuestro antepasados, y uno aún más largo... nada mejor para verlo en perspectiva que este vídeo (7 min):


Vale, somo seres vivos perdidos en una inmensidad de tiempo y camino de un final bastante poco interesante. Carpe díem, al menos vivamos la vida, pero ¿qué es la vida? Seguramente podemos diferenciarla claramente de lo que no lo es... veamos (6 min):


La verdad es que se te queda un regusto extraño, nuestra existencia como seres vivos en el tiempo queda muy desdibujada, pero por que nuestro conocimiento ha trascendido hipótesis que nos resultaban más confortables, solo que que no eran ciertas. Habrá que seguir aprendiendo. Para levantar el ánimo, la visión de Niel DeGrasse Tyson sobre el sentido de la vida, a pregunta de un niño de 6 ( y 3/4) años viene muy al pelo (6 min):


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La ciencia te cuenta historias que son verdad. Son verdad en un sentido especialmente profundo, por que también es verdad que el ratoncito Pérez existe, pero existe como una construcción cultural de un grupo social concreto, no existe en Saturno. En cambio las leyes de la termodinámica si se cumplen en Saturno, y se cumplen las observe un científico peruano o un agricultor chino (o al menos todas las pruebas recogidas hasta la fecha nunca han fallado). Seguramente sea a veracidad lo que hace que la capacidad de conmover de esas historias resulte tan poderosa. Muchas películas terminan diciéndonos que su historia está basada en hechos reales, y esa declaración es importante para nuestra apreciación de la historia. También la forma de contarla afecta mucho a la capacidad de conmover. No es lo mismo la novela que la película, ni un remake que otro de un viejo clásico, y la apreciación de estas variantes es muy subjetiva. A mi me resultan especialmente impactantes (mindblowing que diría John Green) los vídeos, pequeños audiovisuales sobre temas científicos (o muy basados en conocimiento científico) montados con estilos propios de internet, "youtubers". Llevo un tiempo coleccionando (aquí) los que me van llamando mucho la atención. Desde hoy empezaré a ponerlos en el blog, con una nueva etiqueta, comentando brevemente por qué me han impresionado.

jueves, 15 de enero de 2015

"Perceptualización" de datos

Hay actividades que generan montones de datos, grandes cantidades de números que se suelen ordenar en tablas, hojas de cálculo, bases de datos. Pero en esas acumulaciones de números es muy difícil entresacar información, cosas que tengan sentido para las personas; tendiendo a imposible a medida que aumenta la cantidad de datos.

 Desde el siglo XVIII disponemos de representaciones gráficas de datos, transformaciones de los números en características de un dibujo que se perciben a través de la vista. Estas visualizaciones facilitan una percepción globalizada de muchos datos y la identificación de características informativamente valiosas: tendencias, discontinuidades, singularidades, valores medios...

En el siglo XX se creó la sonificación, una analogía con la visualización en la que la información se hace perceptible a través del oído. Esto resultaba especialmente importante para los ciegos, claro, y también para las personas que necesitan más información de la que pueden atender con la vista, como el caso de cirujanos en mitad de una operación. El sonido de los pajaritos coincidente con el semáforo rojo sería un ejemplo del primer caso, y paradigma del segundo el clásico pitido del electrocardiograma que hemos visto tantas veces en películas y series de televisión. Aparte de estos ejemplos más evidentes, hay proyectos de investigación intentando encontrar buenas metáforas auditivas que permitan explotar el canal perceptivo del oído al máximo. Porque no se puede obviar que la cantidad de datos que se pueden transmitir a través del oído, y las características que se pueden extraer de ellos son más escasas que en el caso de la visualización.

Hoy he descubierto (vía) una tercera forma de extracción automática de información humanamente relevante a partir de un gran volumen de datos; se trata de la creación de un informe, una narrativa. Es una especie de cuentacuentos que inventa el cuento basándose en los datos que hay. Se trata de la empresa Narrative Science, y parece que lo que hace es disponer de una serie de plantillas sobre tipos de información que pueden resultar útiles, y métricas con las que medir valores de esas informaciones. Con eso y un sistema de redacción se prepara un informe automático. Para muestra, el perfil que generan a partir de los datos de una cuenta de Twitter, que he probado con la mía y me ha dejado gratamente sorprendido (ver). Ahora solo falta que preparen plantillas para artículos científicos y que te escriban el artículo directamente a partir de los datos experimentales... que lo decía de broma, pero seguro que en alguna disciplina no estamos tan lejos.

Diferentes estrategias para facilitar la percepción de la información que está en los datos. Algo muy importante y que cada vez se hace mejor, más automáticamente y de formas más originales.