miércoles, 6 de enero de 2010

Pensamiento crítico frente a pensamiento positivo

Durante años Ramón Trecet terminaba su peculiar programa musical (diálogos 3) con la frase "buscad la belleza, es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo". Con un punto menos de pesimismo pienso yo que el pensamiento crítico es una de las cosas que merece la pena en este mundo. De hecho ese podría ser uno de los clásicos propósitos de año nuevo (en el plano intelectual, porque hay otros por ahí).

¿Podemos concretar a que nos referimos con eso del pensamiento crítico? Un excelente vídeo al respecto se puede encontrar AQUI (lástima que esté en inglés, pero se entiende bien, hay más vídeos interesantes por QualiaSoup).

El pensamiento crítico es consustancial a la investigación científica: basado en la duda, la racionalidad y la prueba. Un esfuerzo por elaborar una definición precisa pasa por clarificar que NO es el pensamiento crítico, lo que permite apreciar sus fronteras y como en ellas se sufren, si no conflictos abiertos, si situaciones tensas en todos los casos.

Hay algunas fronteras claras, como la de la religión. Nada es tan opuesto a la razón como el dogma, aunque el Papa pida a los científicos menos autosuficiencia y más apertura a la fé WTF?!! En esa frontera podríamos citar a Richard Dawkins como el defensor más preeminente. Otra frontera obvia es la de las pseudociencias (también conocidas como magufadas), que tanto juego dan el los medios de comunicación y contra las que lucha con energía Eugenio Manuel Fernandez (por ejemplo). El postmodernismo, determinadas versiones dogmatizadas de las "humanidades" o del ecologismo irracional, ... no faltan fronteras.

Hoy he descubierto una nueva: el "pensamiento positivo", esa doctrina que pretende que por imaginar que las cosas van a ir bien y "visualizarlo" de verdad irán mejor (ver un "curso" al respecto). Sin duda que una actitud optimista y positiva es mejor que lo contrario, pero siempre que sea compatible con la realidad y no se exagere un optimismo bobalicón que responsabiliza exclusivamente al individuo de todos sus problemas. Me ha parecido muy esclarecedoras las palabras de Barbara Ehrenreich sobre este tema, en una entrevista que merece la pena leer entera, y de la que sólo copio aquí un par de trocitos:

Si quieres tener a una población conformista, ¿qué podría ser mejor que decir que todos tienen que pensar positivamente y aceptar que si algo va mal en sus vidas es su propia culpa, porque no han tenido una actitud lo suficientemente positiva? De todos modos, no creo que exista algo así como un comité central que diga, “esto es lo que queremos que crea la gente”.

La palabra que usan es “liderazgo”. El CEO y los altos ejecutivos no están ahí para analizar y planear sino para inspirar a la gente. Ellos han afirmado tener esta extraña capacidad para detectar las oportunidades.

Y esos cursos se han diseminado por todo el país: cursos en psicología positiva donde dedicas tiempo a escribir cartas de gratitud a tu familia, cartas de perdón (sin importar si las envías o no), conectándote con tus sentimientos de felicidad, y no creo que sea esto en lo que deba consistir la educación superior. Las personas van a la universidad a aprender pensamiento crítico y el pensamiento positivo es la antítesis del mismo.

Fuentes: Sin Permiso, Las penas del Agente Smith, Yoriento y @amagoia que me puso sobre la pista.

Actualización (10-01-10). De nuevo a través de @amaoia llego a otro texto interesante. Se trata de otro enfoque del mismo asunto: las virtudes del pesimista. Insiste en la misma idea de que se ha exagerado mucho el valor del optimismo en la vida, los negocios y la política, perdiendo en ocasiones el sentido de la realidad.
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