viernes, 24 de septiembre de 2010

Pesas y medidas ayer y hoy

En la Universidad Pública de Navarra se conserva un original del primer "cuaderno de leyes" impreso en Navarra, de 1553. En este magnífico texto, la segunda cosa que se regula son las "pesas y medidas", las unidades y procedimientos para medir con efectos legales, comerciales. La primera, por cierto, es la "Provisión y ordenanzas contra los que reniegan y blasfeman de Dios y de nuestra Señora, etc."

Toda la infraestructura de pesas y medidas tradicionales se ha ido afinando tanto que no nos llama la atención. Nadie duda de que los litros de gasolina que te ponen en el surtidor sean litros "legales". Sin embargo esto requiere toda una ciencia y tecnología de la medida que no es tan obvia, y una normativa legal importante también.

La legislación que se inauguró (impresa, seguro que hubo otras anteriores) con la ordenanza de pasas y medidas de 1553, ha tenido su último hito este mismo año. En el BOE de 21 de enero de 2010 se publica el Real Decreto 2030/2009 por el que se establecen las unidades legales de medida.

Es interesante leer el texto, afortunadamente transcrito en su día por Guillermo Sánchez para una edición facsímil comentada que es una auténtica maravilla. Para muestra un botón "... Nos fue suplicado [por las Cortes] que mandásemos poner el debido remedio a causa de los grandes fraudes y engaños que se hacen por los que venden paños, sedas y otras qualesquier cosas ..."

Lo primero que me llama la atención es la estructura del poder (podríamos decir que dividido ya mucho antes de Rousseau) en la que las Cortes detectan las necesidad, elaboran la norma y la pasan al ejecutivo (el Rey) para su promulgación como ordenanza de obligado cumplimiento. Para ser 1553 no está nada mal. Lo segundo es la situación a remediar con la ordenanza: grandes fraudes y engaños. Los mercaderes utilizaban distintas unidades para medir paños, sedas, sedas húmedas y paños teñidos; una maraña de unidades en la que los profesionales (vendedores) se sentían cómodos pero que a los compradores esporádicos, la inmensa mayoría, les suponía una dificultad de entendimiento en la que resultaba difícil comparar o detectar engaños. La estandarización es un progreso social que pone en igualdad de condiciones al proveedor y al cliente, pero no se establecieron por la asociación de comerciantes, sino por las Cortes y el Rey, por el Estado. Hoy día los paños y sedas, y hasta los litros de gasolina están muy protegidos legalmente y no hay fraudes apreciables en esas magnitudes, pero en servicios de más reciente creación, en los que todavía no se ha desarrollado una cultura adecuada ¿no estamos como los navarros de antes de 1553? Y si no a ver quien entiende su factura del gas, cómo comparar a priori los costes del servicio de telefonía móvil o de conexión a internet.
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