sábado, 15 de enero de 2011

La edad y la felicidad

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Todos recordamos como los tomates de hace unos pocos años no sabían a nada, aunque duraban mucho en la nevera. El intenso trabajo de mejora vegetal se había centrado en la duración como parámetro de éxito y, como subproducto, el sabor se fue perdiendo. Descubierto el fenómeno se introdujeron las “características organolépticas” (que es como llaman los expertos al sabor y todo eso) en los programas de mejora y, afortunadamente, volvemos a tener tomates sabrosos.

La obsesión por la duración de los tomates me viene a la cabeza como ejemplo de la preocupación por la riqueza, por el producto interior bruto; mientras que el sabor del tomate, la felicidad de la vida, la tenemos postergada, olvidada por los expertos. Bueno, en realidad no está olvidada del todo, lo que no está es en la línea central de pensamiento (o como dicen los modernos, no es mainstream). Algunos ejemplos ya los hemos comentado aquí como las medidas de felicidad en el mundo o la implementación institucional de esa medida en Bután. Y el tema se va poniendo de moda, hasta David Cameron ha iniciado estudios de este tipo en Inglaterra.

Recientemente se ha publicado un interesante artículo en The Economist en el que se resumen las investigaciones recientes sobre economía de la felicidad, particularmente en lo relativo a su relación con la edad. La conclusión es que hay una correlación significativa, y que la evolución de la felicidad a lo largo de la vida se puede dibujar con una curva en forma de U (ver figura adjunta, en la que la escala vertical es una medida de la felicidad). Por cierto, para saber qué es realmente lo que se representa en la figura hay que ir al artículo original del que está tomada y que, afortunadamente, está disponible en la red. Se han analizado con cuidado posibles distorsiones de esos resultados como que fuera un reflejo del hecho de que se suele tener más dinero con la edad, como la dependencia de las cohortes, variaciones interculturales, etc. En todos los casos la tendencia de la curva en forma de U permanece robusta, no parece deberse a artefactos de los estudios; es un hecho que está ahí más o menos igual (aunque con variaciones en los valores precisos) en más de 70 países y a lo largo de 40 años de estudios.

De manera contraria a la intuición el bienestar de las personas crece a partir de un punto de la edad adulta y continúa creciendo en la vejez. Sobre la razón de este crecimiento hay algunas hipótesis psicológicas, aún poco concluyentes. En todo caso, y mientras se continúa investigando el asunto, disfrutemos ese bienestar que debería estar empezando ya: mi edad está justo en el mínimo de la curva para EEUU.

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