viernes, 11 de febrero de 2011

Perdón por no prever lo imprevisible

Estos días es noticia importante (por ejemplo 1, 2, 3) el informe que ha realizado el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el que hace una autocrítica bastante severa de su incapacidad para prever la crisis en la que estamos sumidos. Se hacen muchos análisis sobre la cuestión, que si Rodrigo Rato no podía saberlo, que si la dinámica interna del organismo estaba viciada, que se van a poner medidas para corregir la situación. 

Pero creo que se olvida lo esencial: no lo predijeron porque era imposible.

Claro, ahora a toro pasado resulta que alguno de entre los centenares de trabajadores del FMI si había dicho lo que iba a ocurrir. Seguramente había por las mesas predicciones de todo tipo, de forma que alguno acierta seguro. Lo que pasa es que nadie sabe con antelación cual es el que va a acertar esta vez. De hecho los informes que se elevaron a oficiales no acertaron. J.R. Lucas se asombraba ayer en RNE de que habiendo una predicción tan acertada no le hicieran caso, se le olvida que había decenas y que ex ante ninguna era la acertada. Hoy comentaba sobre la inseguridad que le producía el fallo de predicción de la CIA respecto de la renuncia de Mubarak en Egipto (que ayer daba por muy probable su director).

Estamos tan acostumbrados a que haya expertos capaces de predecir eclipses con precisión de milisegundos, el comportamiento de electrones a escala nanométrica como para hacer funcionar smart phones y tantas maravillas por el estilo que nos parece que todo ha de ser previsible. Pero esa extrapolación incorpora un error grave: no todos los procesos son previsibles. En el caso de la meteorloogía ya sabemos todos en que podemos confiar (mucho en el tiempo de mañana, menos en el de pasado y nada en absoluto en el de dentro de un mes), pero claro, a los hombres del tiempo les llevamos viendo años a diario, y se han ido ganando ese prestigio (tanto el positivo en la predicción a corto, como el negativo a largo) a base de resultados comprobables.

Las variables económicas son tanto o más impredecibles que las meteorológicas, sin embargo se mantiene muy fuertemente el mito de la capacidad de predicción, además con un aura de elevado tecnicismo (seguro que los currelas del FMI cobran mucho más que los meteorólogos). Visto así, ante una columpiada tan espectacular como la relativa a esta crisis, lo mejor que se podía hacer para mantener el mito es hacer una declaración (también en formato de informe supertecnificado) en el que se buscaran unas razones razonables a las que culpar del fallo.

Eso de que la economía es una ciencia capaz de hacer predicciones fiables es un mito. Un mito del que viven (y muy bien) muchas personas, y que ayuda a hacer socialmente más aceptables algunas políticas, pero tan falso como que Disney está criogenizado o que no se fue a la luna...

ACTUALIZACIÓN: Cosas de la serendipia, instantes después de publicar esto, encuentro una recopilación de fallos de predicción de los economistas muy buena, aquí, en el nuevo blog donde publica Kiko Llaneras.

La lectura de El cisne negro (a pesar de que me parece irregular, y en algunos puntos confuso) me ha ayudado mucho a sostener esta idea del mito del cientifismo de la economía que es ya un clásico en este blog.
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