domingo, 3 de marzo de 2013

La evolución del tuitero

Hoy he visto un tuit que me ha recordado a otros tiempos, tiempos en los que la gente contaba pequeñas cosas de su vida, cómo lo que les costaba levantarse de la cama o lo rica que estaba esa copita de después de cenar. La gente a la que sigues, claro; tuiter es tan variado como personas hay, como la calle; y de la misma forma que no toda la ciudad es mi barrio (no digamos ya el mundo), no todo tuiter es mi timeline.

Y es que entre la gente que sigo ese tipo de comentarios ya no están de moda, aunque si lo estaban hace tiempo. También había otras costumbres, como tuitear números redondos de tuits o de seguidores, como recomendar personas los viernes (los famosos #followfriday), o comentar de vez en cuando lo que hacías para comer, poesías de seis palabras y muchos experimentos más. 
Estas cosas ya no se hacen casi, y se echan de menos. Unos más abiertamente incluso teorizan sobre ello ("¿El ocaso socioafectivo de Twitter o una etapa personal de desencanto?"), otros de forma más íntima, pero yo creo que todos los viejos del lugar añoran detalles de los viejos tiempos.

Desde hace unas semanas Twitter permite recuperar todos los tuits de una cuenta (sólo para cuentas en inglés), la figura adjunta es la gráfica de todos los míos tal como los muestra la aplicación con que se consulta ese archivo histórico. Casi 4 años, algo más de 20.000 tuits (número por cierto que no tuiteé esta vez). El encuentro con esa base de datos permite darse cuenta de forma muy clara de esa evolución. Lees lo que escribías hace 3 años y casi te ruborizas. Pero esos comentarios personales son los que hicieron que trabaras amistad (¿tuitamistad?) con una serie de personas a las que ahora parece que no debes molestar con tus comentarios doméstico gastronómicos (o socioafectivos, como queramos llamarlos). También son esas interacciónes más afectivas las que diferencian tuiter de un canal de noticias en titulares (reddit, meneame o cosas así). Aquí son personas las que recomiendan lecturas y comentan noticias, por eso son recomendaciones mucho más potentes. Así, si cargamos las tintas en la vertiente "recomendadora" sobre la personal, se irá perdiendo el interés.

Como bien comenta @juanfratic, no está claro si es que tuiter como sociedad se aleja de lo socioafectivo o que uno personalmente entra en otra etapa. Porque en esos 4 años se pasa por diversas etapas, algunas, porqué no decirlo, de fascinación y auténtica adicción. Pasados los enamoramientos adolescentes (a pesar de ser talluditos los individuos de los que hablamos) parece que el uso de la herramienta se serena, y profesionaliza más. 

Probablemente las dos cosas son caras de la misma moneda. Individualmente, un conjunto de personas hemos entrado en una fase postadictiva, más serena, del uso de tuiter, y eso hace que la visión conjunta del colectivo resulte más acartonada, más seria y menos personal. Del mismo modo que con 29 años llegué recién casado a un barrio de nueva construcción y casi todos los vecino hacíamos las cosas en fase (cambiar de coche, tener un hijo, etc.), al barrio de tuiter llegamos un montón de vecinos en momentos vitales análogos y también vamos pasando etapas en fase.

A estas alturas la vida digital es parte consustancial de la vida (de los que nos hemos volcado en ella, al menos), y por si no estaba convencido de ello, en el MOOC que estoy haciendo sobre investigación científica 2.0 , me encuentro con el @miquelduran parafraseando a Ortega con "yo soy yo y mis circunstancias digitales". Y de mis cricunstancias digitales tuiter ha sido, con diferencia, la más satisfactoria e intensa. Espero que la natural evolución del barrio no termine por arruinarlo.


Actualización (17:30). Por los comentarios en G+ me entero de esta entrada de @soniadiez en la que pondera el valor de esas "pijadas", que es como llama a las pequeñas cosas intrascendentes de la vida cotidiana que se comparten en las redes sociales. Lo resumiría en la frase (suya) "puede ser una pijada o un ejercicio básico de comunicación, empatía y diálogo"... Tampoco es que pretenda yo sobrevalorarlas , pero me parecen necesarias en su justa medida.
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