lunes, 4 de marzo de 2013

MOOCs made in Spain, ¿reeditamos el OCW?

La universidad vive la fiebre de los MOOC (masive opne online courses), de nuevo una iniciativa de las mejores universidades del mundo ha pillado a contrapié a todo el sector.

Hace una década, el MIT  comenzó a publicar de forma abierta los contenidos de sus asignaturas en el proyecto Open Courseware. En aquel momento todos pensábamos que la documentación preparada por nuestros profesores era un valor fundamental, y llevábamos un tiempo quitando de las páginas personales contenidos que, por su gran valor, mejor no regalar. Error sobre error, los profesores que cerraron (o descafeinaron) sus páginas personales perdieron una década en un camino de ida y vuelta, y el movimiento corporativo se vio ridiculizado cuando los mejores empezaron a regalar su contenido. Atraídos por la espectacularidad del movimiento se desató la fiebre de copiar el proyecto, nosotros también queremos OCW. Así se comenzó un proceso supuestamente libre y abierto, con una cantidad de restricciones legales, tecnológicas y organizativas verdaderamente pasmoso. No se si se habrá evaluado seriamente aquel esfuerzo: costes (tiempo de profesores y técnicos sobre todo) y beneficios (... no se me ocurre ninguno).

Lo pero del OCW es que es un escaparate de un producto inexistente. Las universidades españolas son un negocio de proximidad, atienden a los jóvenes locales. Tan es así que no hay procedimientos de admisión para oras personas (puede haberlos en algún caso, pero complicadísimos). Más grave aún es que no tenemos unos precios adecuados para esos hipotéticos estudiantes captados en el exterior. Si finalmente ingresan pagarán lo mismo que los locales, entre un 10 y un 20% del coste real. Así que cuantos más trajeamos más dinero perderíamos.

Los que han inventado los MOOC sabrán porqué los hacen: campañas de marketing de productos que si existen (no hay más que ver lo que cuesta un año allí), recopilación de datos de aprendizaje para diseñar mejores productos, etc. Pero copiar la caja, el formato, la campaña de marketing, sin saber para qué no parece muy inteligente. Sin embargo la presión de la moda es tan fuerte que casi nadie se puede sustraer, igual que pasó con el OCW, o con la asistencia a ferias internacionales de universidades.

No se porqué me ha venido a la cabeza un vídeo clásico:



La figura está tomada de aquí
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