domingo, 28 de diciembre de 2014

A vueltas con la endogamia universitaria

La selección del profesorado universitario sería evidente si dispusiéramos de un sombrero seleccionador como el de Harry Potter. Tristemente tales cosas no existen en la realidad y hay que apañárselas con lo que hay. Y lo que hay da lugar, en España, a que la inmensa mayoría de los elegidos procedan de la propia universidad, fenómeno que se conoce con el nombre de "endogamia universitaria" y que genera ríos de tinta enfurecida, y algunos (muchos menos) estudios profundos con datos. Añadiré yo un poco más de tinta sobre la cuestión comenzando por presentar 5 planteamientos parciales de la cuestión:

1.- El planteamiento crítico naïve (típico del doctorando en un grupo potente forrándose a papers, y a veces de su jefe). Es todo muy fácil, el mejor candidato es el que más impacto tiene: papers, citas, índice h. Y elegirlo es trivial. Si no se hace así es porque hay una casta de corruptos que quieren perpetuar su poder.
2.- El planteamiento administrativo. Se trata de un concurso público en el que hay que comenzar por definir un perfil. el Departamento que convoca la plaza lo hace habiendo detectado una necesidad concreta, por lo que puede definir los requisitos del candidato ideal para ocuparla. Además, quien mejor que los miembros del departamento para juzgar la adecuación a dicho perfil.
3.- El planteamiento Soprano. Ya tenemos a uno de los nuestros con méritos como para defender en el tribunal tal y como lo controlamos, así que a pedir la plaza para esta persona.
4.- El planteamiento organizativo. El departamento debe tener unas cuantas líneas de investigación, y cada una de ellas debe contar con un grupo equilibrado (con pocos generales, algunos comandantes y bastantes soldados).
5.- El planteamiento laboral (sindical). Cualquier trabajo debe ser razonablemente estable y acomodar el desarrollo profesional de los trabajadores que lo ocupan.

La realidad se mueve entre estas cinco visiones, “armonizándolas” de alguna manera. Hubo un tiempo en que el planteamiento Soprano era tan dominante que no hacían falta apenas méritos para conseguir una plaza. Se daba una endogamia especialmente perniciosa en la que se sacaban plazas a personas con méritos extremadamente escasos que a cambio simplemente de ser (y haber sido) esbirros del clan. Los procesos de validación de currículos (acreditaciones o habilitaciones) eliminaron esta posibilidad. Ahora se garantiza que el nivel curricular sobrepasa un umbral razonable (1).

Esta cuestión de eliminar a los abiertamente inadecuados no es menor, elimina las contrataciones insostenibles y miserables, pero no elimina necesariamente el que los candidatos elegidos sean procedan de la universidad convocante. Este hecho a veces se considera idéntico al anterior, pero no lo es en absoluto. Si una universidad produce jóvenes con la cualificación adecuada (2) para una plaza ¿dónde está el problema de que la ocupe alguno de ellos?

Con el criterio 1 se argumentará que seguro que hay alguien mejor fuera. Pero eso solo es cierto con una consideración de “mejor” muy restrictiva, limitada a contar citas. Los ritmos de publicación y de cita son incomparables entre disciplinas (incluso entre subdisciplinas), el mérito de trabajar en líneas más arriesgadas o con menos financiación no se mide con el índice h, méritos docentes, de transferencia de conocimiento o de divulgación son relevantes y no figuran en el cómputo de artículos. Estas matizaciones no justifican elegir a alguien con 0 publicaciones frente a alguien con 15 (cosa que pasaba antes de las habilitaciones), pero entre alguien con 9 y alguien con 14 ¿de verdad podemos asegurar que es mejor el segundo?

Otro argumento clásico es “en los países serios las plazas se publicitan internacionalmente y no hay candidatos de la casa”. Y es cierto, pero solo para determinadas plazas. En esos países “serios” en criterio organizativo (4 de la lista anterior) es el dominante. Y se saca un concurso abierto y del máximo nivel cuando se quiere contratar un “general”, alguien de alto nivel que abra una línea nueva o reorganice una existente. La mayoría de los puestos no se sacan tan abiertos, al contrario, en muchos casos son designaciones directas de los jefes. Como ejemplo paradigmático de ambas cosas la contratación de parejas de académicos, siendo la plaza de uno parte de la “remuneración” para conseguir la contratación del otro (ver). Por cierto, esas contrataciones estrella ni son comparables a lo habitual en nuestro sistema ni son solo beneficiosas. No son comparables porque los salarios que se manejan hacen palidecer a los nuestros. Y no son todo beneficios porque las presiones a las que se somete a los elegidos en ocasiones son excesivas y llevan al fraude o hasta al “publish AND perish”.

¿Quiere esto decir que la contratación actual es España es estupenda? Sin duda que no. Para empezar no hay contrataciones. Estamos en un impás de contrataciones, que dura ya años, y que está generando (y va a generar aún más) unas tensiones tremendas, pero eso lo dejamos para otro día. Por otro lado sigue habiendo comportamientos mafiosos, qué duda cabe. Lo que sí me queda claro es que la endogamia en la contratación de profesorado universitario ha mejorado mucho en poco tiempo, especialmente la endogamia auténticamente perniciosa. La continuación de ese camino de mejora irá ligada a otros cambios en la universidad que incluyan reestructuraciones de la carrera académica, subidas de sueldos significativas (al menos en los niveles más altos), reestructuraciones de las unidades universitarias (departamentos, institutos, grupos de investigación) y de su relación con la sociedad, especialmente de su rendición de cuentas y su financiación. Claro que analizar todo esto se haría excesivo ahora.

En cualquier caso, las visiones catastrofistas sobre la ética del mundo universitario que se han publicado en periódicos en las últimas semanas me parecen muy exageradas, infundadas, y con un interés claramente difamatorio (y no voy a enlazarlos). Al hilo de comentar alguno de esos artículos en tuiter me comprometí a escribir mi punto de vista sobre el tema y no he podido resumirlo más que en estas 1000 palabras.

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(1)    La calificación de “razonable” siempre es discutible. El umbral podría estar más alto, claro, siempre podría.
(2)    Incluyendo estancias posdoctorales y todos los requisitos que se quieran considerar.
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